Fuego, el elemento de la transformación.

Relacionado con productividad, vitalidad, libertad.

Proporciona fuerza y genera actividad.

Un refrán checo describe perfectamente el elemento fuego: ¨Es un buen sirviente pero un dueño muy malo.¨ Si lo mantenemos bajo de control, nos sirve muy bien, pero una vez se haga demasiado grande, lo puede quemar todo.

 

Nuestro fuego, relacionado con la digestión,  lo llevamos en la zona del plexo solar. Nuestro agni (fuego en sánscrito) es el que nos ayuda a digerir todos los alimentos y según su fuerza tenemos más o menos facilidad de transformar la comida. Nuestro agni cambia a lo largo de día, es decir, no digerimos igual a las once de la mañana como a las diez de la noche. Para saber cuándo nuestro agni está preparado para digerir, nos podemos dejar guiar cómo siempre por la naturaleza. Entonces:

¿Dónde puedo mirar para saber si mi agni está lo suficiente fuerte para digerir una comida?

Al sol, el gran fuego, que igual como dice el refrán mencionado al principio, nos da la vida, nos calienta, nos acaricia, pero si arde mucho, quema todo a su alrededor.

La mejor hora para poder transformar una comida en nutrientes es al medio día, cuando el sol brilla con todo su esplendor. Al contrario, por la noche, ya no es momento para ingerir nada.  Nuestro cuerpo físico, nuestro templo, necesita descansar y tomar sus horas para la limpieza interna.

Por supuesto cada uno de nosotros es diferente y tenemos distintas necesidades según la vida que llevamos, no a todos les conviene por ejemplo desayunar lo mismo y a la misma hora, pero eso ya es otro tema. El sistema de auto-sanación, el ¨Ayurveda¨, nos da muchas pautas sobre cómo, qué y cuando deberíamos comer.

A parte del fuego que transforma los alimentos tenemos otro fuego interior, que transforma nuestros deseos en realidad.

¿Dónde se encuentra el ¨transformador¨ más grande del nuestro cuerpo?  ¿Qué es lo más fuerte?

Nuestro corazón. Existen muchos refranes sobre el corazón y el valor. Si deseas algo, hazlo con todo tu corazón!!!! Desde tu corazón eres capaz de transformar incluso lo  imposible.

En nuestra sociedad el elemento fuego ya no es tan presente cómo antes. Tenemos los sistemas de calefacción eléctricos y en pocos hogares quedan chimeneas. Para cocinar se utiliza cada vez menos el fuego. Es una lástima, ya que la comida hecha al fuego tendrá más propiedades que la misma comida hecha en una encimera de ¨vitrocerámica¨.  A la gente que esté gravemente enferma, se les recomienda, junto con el cambio de alimentación, también cambiar su encimeras y empezar a cocinar al fuego.

A parte que el elemento fuego activa, transforma, también nos puede calmar.

¿Quién no recuerda una tarde de invierno simplemente mirando las llamas del fuego en una chimenea? Ese sonido tan agradable de la leña trasformándose en fuego y dándonos calor y luz.  Mirar al fuego resulta muy relajante y es una técnica antigua de meditación (Tradak, es mirar fijamente algo) y la puedes practicar en casa, sin tener que encender una fogata :-).

Mirando la vela

  • enciende una vela,
  • fija tu mirada en la llama de la vela y observa ¨el elemento fuego¨ un par de minutos,
  • cierra los ojos, respira, y ábrete a cualquier sensación, imagen, que pueda venir,
  • puedes repetir el ejercicio cuántas veces te apetezca,
  • cuando acabes, pide un deseo desde tu corazón  y sopla la vela 🙂  y si quieres anota tu experiencia en un cuaderno dedicado a tus prácticas meditativas.

Hay momentos, sobre todo en el verano, cuando podemos disfrutar de una fogata bien grande y dejarse llevar por el elemento fuego, bailando alrededor conectando con el elemento tierra y el aire y si vives cerca de la playa o de un río, también con el elemento agua para sentirte uno con el todo, con el universo entero.

Eso sí, siempre respetando la naturaleza.

 

 

 

Y si te apetece experimentar una meditación guiada con el elemento fuego, contacta conmigo.