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Volando vengo, volando voy

Al final del mes de Julio de este año he decidido prepararme para los exámenes del título de Piloto de globo libre. ¿Por qué?  Porque hace diez años me enamoré de un Piloto de globo, con P de mayúscula, actualmente mi marido. Entonces hace ya diez años quise prepararme para obtener la licencia, pero no era el momento, me quedé embarazada de mi primera hija y allí mis aspiraciones de volar se quedaron.

Algo cambió, por ser madre, las ganas de volar se fueron y aparecieron miedos. Ya no me apetecía volar, estaba mejor en la tierra, pero tiempo pasa y este verano me llegaron varios ¨por qués¨, tomar la decisión de nuevo.  Sabía que me iba encontrar con varios miedos, pensamientos que se iban generando a lo largo de los años, pero decidí que sí, entonces no había ni hay vuelta atrás.

Lo que me ha sorprendido, otra vez y como siempre, cómo se abre el campo de tu visión y percepción cuando empiezas a hacer algo nuevo, y no es preciso que te hagas un piloto :-).

¡Salir de tus hábitos, hacer las cosas de otra forma y probar cosas nuevas!

¿Cuántas veces te has dicho que te gustaría aprender un idioma? ¿Qué te gustaría saber pintar, cocinar, coser?  ¿Salir a la montaña? ¿Hacer ejercicio físico, meditación? ¿Ir a las clases de yoga, al cine?  ¿Siempre hay excusas, verdad?  Que si esto y que si otro …… .  No te dejes atrapar por las creencias limitantes, no son más que los programas viejos grabados en tu subconsciente.

¡¡¡Instala una nueva actualización!!!

Es más fácil de lo que creas, pero hay que empezar a romper con los patrones viejos. Puedes empezar con cosas muy simples: ir por otro camino al trabajo o a tu casa, desayuna de forma diferente, ponte el despertador a hora diferente, cocina un plato nuevo, queda con tus amigos en otro sitio o haz una cosa nueva, apúntate a un curso de cualquier cosa, realmente no importa lo que es, pero CAMBIA y verás cómo el mundo se va abriendo más y más. Aparecerán sorpresas, sentimientos diferentes, relaciones nuevas.

Y con todo esto me he acordado de una historia que cuenta Cipriano Toledo de dos monjes:

Eran una vez dos monjes (maestro y discípulo) a los que un día su caminar los llevó a pedir hospedaje en una desvencijada granja del camino. Se estaba haciendo de noche y el maestro dijo: ¨Pediremos a estos granjeros un lugar para dormir.” Llamaron a la puerta y los recibieron amablemente. Los granjeros eran pobres pero generosos, ellos y sus tres hijos vivían solo de una vaca.  Esa noche los monjes durmieron en el establo. Por la mañana, al despertar, el maestro le dijo a su discípulo: ¨Nos vamos. Coge la vaca y sígueme.¨ El discípulo le preguntó si no iban a despedirse y dar las gracias a tan amables y generosas personas, pero el maestro simplemente lo ignoró. Caminaron durante una hora y llegaron a una acantilado donde el maestro le dijo a su pupilo: ¨¡Despéñala!¨

El discípulo, horrorizado, trató de razonar con el maestro. Le explicó que la vaca era el único sustento de la familia, que habían sido muy generosos con ellos y que no entendía lo que le pedía que hiciera. El maestro se mostró inflexible. El discípulo obedeció entre lágrimas y decidió abandonar a tan cruel maestro.

Años después, el discípulo, convertido en maestro, acertó a pasar cerca de la granja y decidió acercarse a pedir perdón a aquella pobre pero generosa familia. La granja tenía mucho mejor aspecto. Llamó a la puerta con el corazón acelerado. Le abrió la puerta la mujer y él le dijo: ¨Buenos días señora, quizá no se acuerde de mí, hace años pasé la noche con mi maestro en su granja. ¨  La señora respondió: ¨¡¡¡Sí!!!  Nos acordamos cada día de ustedes. La mañana en que se fueron la vaca se escapó y nunca la encontramos.¨ El monje creía que el corazón se le iba a salir del pecho. Y la señora continuó: ¨Fue lo mejor que nos ha ocurrido en la vida. Como la vaca era nuestro único sustento, a mi marido no le quedó más remedio que ir al pueblo a buscar trabajo. Lo encontró y como tenía que ir cada día, aprovechaba y llevaba a nuestros hijos a la escuela. Desde entonces nos va muy bien. Mis hijos han podido estudiar, nosotros tenemos una granja próspera y todo gracias a que la vaca se escapó.¨

El pobre monje se quitó el peso de la vaca, aunque dicen que ahora vaga buscando a su antiguo maestro para pedirle perdón.

Así que, por favor.

Coge el papel y el bolígrafo y haz una lista de las vacas que hay actualmente en tu vida.